"Debemos "ir a José". No para quedarse allí con él, sino para que nos acompañe a Jesús" Publicado: 19-03-2021

En el altar de San José en la Basílica de María Auxiliadora de Turín, hay un gran cuadro del pintor Lorenzoni que representa a la Sagrada Familia. Constituye una invitación para que toda obra salesiana sea una familia y el estilo educativo se base en las relaciones familiares. Pero también una invitación a recuperar la centralidad espiritual y educativa de San José, en un mundo que tanto necesita de los padres. Aparecen dos escritos en el lienzo. La invitación "Ite ad Joseph" (Ve hacia San José), en la cinta sostenida por los ángeles pintada en el lienzo; y luego, en el entablamento debajo del tímpano el verso bíblico: “Constituit eum dominum domus suae”, es decir, “lo hizo señor de su casa”. Quizás este sea uno de los secretos de Don Bosco. Para ir a Jesús, además de referirse ciertamente a María, Don Bosco recuerda la figura de San José. Por eso, como dice el escrito, debemos "ir a José". No para quedarse allí con él, sino para que nos acompañe a Jesús, tal vez por eso mismo Don Bosco quiso que fuera "señor de su casa". Valdocco es, por lo tanto, una escuela de paternidad y filiación. San José ejerce su custodia - de María, de Jesús, y de la Iglesia - con discreción, con humildad, en silencio, pero con presencia constante y total fidelidad, incluso cuando no comprende. Desde el matrimonio con María hasta el episodio de Jesús de 12 años en el Templo de Jerusalén; está al lado de María en los momentos serenos y difíciles de la vida, en el camino a Belén para el censo y en las angustiosas y alegres horas del parto; en la dramática huida a Egipto y en la frenética búsqueda de su hijo en el Templo; luego en la vida cotidiana de la casa de Nazaret y en el laboratorio donde le enseñó el oficio a Jesús. José, por tanto, vive su vocación de custodio en constante atención a Dios, abierto a sus signos, disponible a su proyecto, no tanto al propio. En él se puede ver cómo se da respuesta a la propia vocación, con disponibilidad y prontitud; pero también vemos cuál es el centro de la vocación cristiana: Cristo. ¡Custodiando a Cristo en la propia vida, para custodiar a los demás! En el fondo, todo está confiado a la custodia del hombre y es una responsabilidad que concierne a todos, ¡porque todos están llamados a ser custodios de los dones de Dios! Por lo tanto, es fácil imaginar a San José como modelo de padres, educadores, y de todo aquel que cuida a alguien. Además de esto, José enseña a "custodiar el misterio". Debemos aceptar que no entendemos todo, especialmente los deseos de Dios, cuanto más confiamos y nos encomendamos a la voluntad de Dios, más hijos nos volvemos. Este es un aprendizaje largo, una escuela muy compleja. Una escuela -recuerda todavía el Papa Francisco- que "nos molesta", que "tantas veces nos hace ir por caminos que no queremos". Para San José fue así. También Don Bosco tuvo que aprender poco a poco a ser hijo, aceptando realizar la voluntad de Dios: que San José nos ayude a todos a ser padres y a ser hijos.

P. Enrico Lupano

Fuente: Missioni Don Bosco